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6 de septiembre de 2011

Periodismo de investigación

Fobia: una vía hacia el otro

Escribo para añadir, a un artículo que publicó El País, otra manera de pensar la fobia.

Se puede hablar de la fobia desde diferentes discursos, se puede hablar en sentido descriptivo, en sentido dinámico y en sentido estructural, esto es teniendo en cuenta la economía psíquica, teniendo en cuenta al sujeto que habla.

Hay dos clases de angustia, nos dice Freud, una alrededor del padre y otra ante el padre; la angustia alrededor de ese lugar vacío, hueco, que representa el lugar de la fobia como necesaria, como exigencia para ahuyentar la angustia que si no se apoderaría del sujeto fóbico, fobia que suple a ese padre que no está, angustia que delimita, que marca el espacio, que construye nuevos territorios dentro de los territorios habituales, esta es la angustia alrededor del objeto fóbico, la angustia alrededor del caballo, el perro…etc. Fobias que generalmente comienzan con un miedo a “ser mordidos”, miedo que se transmutaráy permutará en otros movimientos del miedo.

Otra es la angustia ante el padre, alrededor de la función del padre, una angustia que tranquiliza, por fin puede tener una angustia ante algo. Una angustia que nos tiene y sostiene, una angustia que calma los miedos con un miedo mayor, porque el miedo al padre termina con todos los miedos a la madre.

Freud define la fobia como un miedo a no tener miedo, miedos porque el padre no es apto para soportar la función establecida que responde a las necesidades de la formación edípica en su alcance universal. “Aquel que se acueste con su madre…” La castración está ligada a la articulación simbólica de la interdicción del incesto. Y cuando no es así está ligada a la agresión imaginaria del sujeto hacia el padre, cuestión que resulta insoportable para el sujeto si no es en forma de neurosis, o bien en forma de Edipo invertido, haciéndose amar por el padre.

El padre es recibido como un importuno y no sólo estorbando por su volumen, sino porque prohíbe. ¿Pero qué prohíbe?: la satisfacción real del impulso.

¿Y por qué el padre? Porque su propia presencia muestra que su madre es primero su esposa, que la satisfacción prohibida cae sobre la madre como objeto, pues la madre como objeto es para el padre, no es para el hijo.

Es sobre este plano que se establece esta rivalidad con el padre, que engendra por sí sola una agresión. Aquí es el padre en tanto simbólico que interviene, porque el hijo ya sabe que proviene de padre y madre, y que la madre, como mujer, es para el padre; para él está interdicta.

Es por eso que cuando el padre es un objeto preferible para la madre, que el niño/a el hijo/a podrá caminar por el sendero de la castración simbólica. Castración simbólica, castración del goce primordial, del goce de la madre.

El complejo de Edipo no es una catástrofe sino la base y el fundamento de nuestra relación con la cultura.

Y padre simbólico quiere decir que el padre es una metáfora. Y una metáfora es un significante que viene en lugar de otro significante, un significante sustituido a otro significante. El significante padre viene a sustituir al significante materno, el padre viene al lugar de la madre, porque si no es así habrá que recurrir a la fobia o a la perversión y con pulsión, es decir que el sujeto sólo lo sabrá después de su elección inconsciente.

No hay que buscar las carencias paternas en otro lugar, no son carencias reales sino carencias simbólicas, carencias significantes.

Aprender a sustituir, aprender la sustitución significante pertenece al propio acto de estar en psicoanálisis.

Se aprende ¿qué es lo que ella, mi madre, quiere? Yo bien quisiera que fuera yo lo que ella quiera, pero está claro que no es nada más que yo lo que ella quiere.
Ha comenzado “el deseo de otra cosa”, la noción de “lo otro”, tan necesario para habitar el lenguaje en un estado de incertidumbre feliz, sabiendo que sólo después sabré.

La ligazón del miedo a la seguridad se muestra en la fobia, pues el nivel de angustia aumenta cuando baja el nivel del miedo: “Esto no anda, ya no sé cuáles son los sitios en que es preciso que me detenga. Perdiendo el miedo, he perdido mi seguridad.”

La fobia es una vía, un riel hacia otra cosa, y con psicoanálisis es un riel hacia el otro como tal.

Como dice Menassa: “No necesito dar la vuelta al mundo para encontrarme. Sé que sólo preciso de los otros.”

Amelia Díez Cuesta

 

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