Periodismo de investigación
Fobia: una vía hacia el otro
Escribo para añadir, a un artículo que publicó El
País, otra manera de pensar la fobia.
Se puede hablar de la fobia desde diferentes discursos,
se puede hablar en sentido descriptivo, en sentido dinámico
y en sentido estructural, esto es teniendo en cuenta la economía
psíquica, teniendo en cuenta al sujeto que habla.
Hay dos clases de angustia, nos dice Freud, una alrededor
del padre y otra ante el padre; la angustia alrededor de
ese lugar vacío, hueco, que representa el lugar de
la fobia como necesaria, como exigencia para ahuyentar la
angustia que si no se apoderaría del sujeto fóbico,
fobia que suple a ese padre que no está, angustia
que delimita, que marca el espacio, que construye nuevos
territorios dentro de los territorios habituales, esta es
la angustia alrededor del objeto fóbico, la angustia
alrededor del caballo, el perro…etc. Fobias que generalmente
comienzan con un miedo a “ser mordidos”, miedo
que se transmutaráy permutará en otros movimientos
del miedo.
Otra es la angustia ante el padre, alrededor de la función
del padre, una angustia que tranquiliza, por fin puede
tener una angustia ante algo. Una angustia que nos tiene
y sostiene, una angustia que calma los miedos con un miedo
mayor, porque el miedo al padre termina con todos los miedos
a la madre.
Freud define la fobia como un miedo a no tener miedo, miedos
porque el padre no es apto para soportar la función
establecida que responde a las necesidades de la formación
edípica en su alcance universal. “Aquel que
se acueste con su madre…” La castración
está ligada a la articulación simbólica
de la interdicción del incesto. Y cuando no es así está ligada
a la agresión imaginaria del sujeto hacia el padre,
cuestión que resulta insoportable para el sujeto si
no es en forma de neurosis, o bien en forma de Edipo invertido,
haciéndose amar por el padre.
El padre es recibido como un importuno y no sólo estorbando
por su volumen, sino porque prohíbe. ¿Pero
qué prohíbe?: la satisfacción real
del impulso.
¿Y por qué el padre? Porque su propia presencia
muestra que su madre es primero su esposa, que la satisfacción
prohibida cae sobre la madre como objeto, pues la madre
como objeto es para el padre, no es para el hijo.
Es sobre este plano que se establece esta rivalidad con
el padre, que engendra por sí sola una agresión.
Aquí es el padre en tanto simbólico que interviene,
porque el hijo ya sabe que proviene de padre y madre, y que
la madre, como mujer, es para el padre; para él está interdicta.
Es por eso que cuando el padre es un objeto preferible
para la madre, que el niño/a el hijo/a podrá caminar
por el sendero de la castración simbólica.
Castración simbólica, castración del
goce primordial, del goce de la madre.
El complejo de Edipo no es una catástrofe sino la
base y el fundamento de nuestra relación con la
cultura.
Y padre simbólico quiere decir que el padre es una
metáfora. Y una metáfora es un significante
que viene en lugar de otro significante, un significante
sustituido a otro significante. El significante padre viene
a sustituir al significante materno, el padre viene al lugar
de la madre, porque si no es así habrá que
recurrir a la fobia o a la perversión y con pulsión,
es decir que el sujeto sólo lo sabrá después
de su elección inconsciente.
No hay que buscar las carencias paternas en otro lugar,
no son carencias reales sino carencias simbólicas,
carencias significantes.
Aprender a sustituir, aprender la sustitución significante
pertenece al propio acto de estar en psicoanálisis.
Se aprende ¿qué es lo que ella, mi madre, quiere?
Yo bien quisiera que fuera yo lo que ella quiera, pero está claro
que no es nada más que yo lo que ella quiere.
Ha comenzado “el deseo de otra cosa”, la noción
de “lo otro”, tan necesario para habitar el lenguaje
en un estado de incertidumbre feliz, sabiendo que sólo
después sabré.
La ligazón del miedo a la seguridad se muestra en
la fobia, pues el nivel de angustia aumenta cuando baja el
nivel del miedo: “Esto no anda, ya no sé cuáles
son los sitios en que es preciso que me detenga. Perdiendo
el miedo, he perdido mi seguridad.”
La fobia es una vía, un riel hacia otra cosa, y con
psicoanálisis es un riel hacia el otro como tal.
Como dice Menassa: “No necesito dar la vuelta al mundo
para encontrarme. Sé que sólo preciso de
los otros.”
Amelia Díez Cuesta